Marc Heredia es uno de los jóvenes valores del piano en Cataluña, como solista y también como integrante del Trío Fortuny, una formación de cámara de creciente proyección. Formado entre Barcelona, Madrid y Basilea, actualmente da conciertos por toda España, combinados con viajes internacionales. El próximo 17 de noviembre actúa en el Jardí dels Tarongers, con un programa dedicado a Schubert y Liszt.

 
Barcelona Clásica: ¿Es cierto que empezaste a tocar el piano con 3 años?
Marc Heredia:
La verdad es que era tan pequeño que no me acuerdo. A mi madre le gusta mucho la música, así que me apuntaron a clases de iniciación musical. A los pocos meses, empecé con el piano. Me gustaba el instrumento y me lo pasaba muy bien.

B.C. Entonces, ¿cuáles son tus primeros recuerdos con el piano?
M.H.
Recuerdo estar en clase y, como ocurre con muchos niños, no llegar a los pedales. También recuerdo que me gustaba sacar cosas de oído. Era como un reto tocar las canciones que oía por todas partes.

B.C. Es habitual que haya profesores que influyen de forma importante a un pianista. ¿También ha sido tu caso?
M.H.
Me supieron tratar con mano izquierda. Yo entré en el Conservatorio del Liceu para hacer el Grado Superior con 16 años. Era de los estudiantes más jóvenes, estaba en plena adolescencia y tenía que compatibilizar la música con el bachillerato. Mi profesor era Cecilio Tieles y me supo entender.

B.C. Pero ya tenías claro que te dedicarías a la música ...
M.H.
Muy claro. Cuando aún era estudiante dee Secundaria, recuerdo intentar terminarlo todo muy rápido para poder marchar en el conservatorio. No es que tuviera ningún problema académico, pero ya sabía que lo que más me interesaba era el piano.

B.C. ¿Qué hiciste cuando acabaste el Grado Superior?
M.H.
Hice las pruebas de acceso a la Escuela Superior de Música Reina Sofía y estuve cuatro años estudiando en Madrid. Seguramente, en el ámbito musical, ha sido el cambio más importante en mi vida. Yo solo era un niño de 20 años y aluciné mucho. Me hablaban de cosas que no había oído nunca. Mi profesor era Dimitri Bashkirov, una estrella del piano del siglo XX. El ritmo de las clases era brutal: en Barcelona quizá hacía una hora de clase de mi instrumento a la semana y allí tenía 3 y 4 horas con Bashkirov y otras tantas con los asistentes, que fueron Claudio Martínez durante dos años y Denis Losev, otros dos años. Pero también era increíble el ambiente y el nivel del resto de los compañeros. Les pedía que me escucharan para aprender más.

B.C. ¿Cómo empezó tu carrera profesional?
M.H.
No sé decir un momento concreto donde empezara de forma seria. De hecho, yo ya hacía conciertos antes de marcharme a Madrid y ya desde entonces me lo tomaba en serio, que es lo que se debe hacer siempre que se sale en el escenario.

B.C. Ha habido algún momento que te marcara especialmente?
M.H.
Me hizo mucha ilusión tocar en el Palau de la Música y también en el Auditori con la JONC. Pero también me he sentido muy bien en otros conciertos más pequeños, en pueblos o festivales de verano. Lo cierto es que yo no tengo metas en plan "tengo que tocar aquí". Lo que me importa es el resultado: me gusta hacer buena música en buenas salas y con buenos instrumentos.

B.C. ¿No supone esta visión tan "pura" de la música renunciar a la parte de marketing que también existe en la carrera de los músicos?
M.H.
Es que a veces los músicos nos olvidamos de que somos intérpretes. Cuando toco Schubert, lo importante debe ser Schubert, no yo. Dicho esto, en cuanto al marketing, yo no me he tenido que encontrar nunca con ello y, desde fuera, es muy fácil decir que no me gusta.

B.C. ¿Te sientes más cercano a determinados compositores?
M.H.
Diría que hay compositores con música que siento más cercana a mi naturaleza de intérprete. Dicho esto, mis intereses han ido cambiando. Hace unos años estaba muy centrado en el pianismo romántico. Ahora, me siento más cómodo con otro tipo de música: Schubert, Beethoven, el Brahms de los Intermezzos ... Aunque sigo tocando Liszt y todo lo que ya había explorado previamente.

B.C. En 2015 fuiste finalista del Concurso Maria Canals. ¿Han sido los concursos importantes para tu carrera?
M.H.
Es curioso, porque, fuera de la música, soy una persona muy competitiva: en deportes o jugando a un juego de mesa, siempre quiero ganar. Pero, en la música, la competición no me gusta. Hice algunos concursos antes de marchar a Madrid y otros, como el Maria Canals, después. El Maria Canals es un concurso fantástico y me trataron muy bien. Pero, en general, en los concursos, no me siento cómodo. En un concierto normal, el público viene a escuchar y disfrutar, pero, en un concurso, vienen a juzgar.

B.C. ¿Piensas impulsar tu experiencia internacional?
M.H.
En el extranjero he estado tocando en Suiza, donde estuve estudiando un máster de dos años, y en Italia. Y recientemente he vuelto de Argelia, donde he estado tocando con el Trío Fortuny. Ha sido una experiencia muy chocante: el público estaba entregado. ¡Parecía un concierto de rock!

B.C. ¿Es importante para ti la música de cámara?
M.H.
No hago distinciones entre tocar como solista, cámara u orquesta. El proyecto del trío que formamos con Joel Bardolet y Pau Codina me gusta mucho: tenemos una mirada similar a la partitura. Es lo que decía antes: buena música en buenas salas y con buenos músicos.

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